Queríamos tanto a André…

Recordando a André Matos, la voz de Angra.

Por Matías Conde
Foto: André Muzell

No sé muy bien si fue porque era brasileño, porque hablaba muy bien español o porque tuve la suerte de cruzármelo algunas veces, pero de alguna manera André Matos me resultaba cercano. Eso me producía un  orgullo extraño, como esos jugadores que los descubrís apenas aparecen en primera, te enterás de que son de tu barrio y te das cuenta que tienen el talento para ser figuras, esos que si aceleran dejan atrás a todos los de su generación.

De algún modo sabíamos que André Matos era el mejor de los cantantes a mediados de los ’90s, en plena efervescencia de la primavera del Power Metal a nivel mundial. Podría gustarnos más la contundencia de Timo Kotipelto, las particularidades de Tobias Sammet o la grandilocuencia de Fabio Lione, pero sabíamos que Angra tenía el ancho de espada, por lo que hacia y por lo que proyectaba en discos y recitales, y porque tenía un carisma que sobrepasaba la escena.

Si Sepultura se había sumado a la NBA de Pantera y Metallica, Angra estaba en los playoff de la Champions de Helloween y Gamma Ray.

En esos años, Angra clasificó a la primera división del Heavy Metal mundial con su disco debut “Angel´s Cry”, que fue también el primero que editó Nems en Argentina y, por ende, uno de los primeros del género al que accedimos los adolescentes en esa época.  El primero de Angra regaló un par de himnos (“Carry On”, “Stand Away”) pero especialmente sentó las bases de que desde el sur del continente se podía competir en las grandes ligas: si Sepultura se había sumado a la NBA de Pantera, Metallica y Machine Head, Angra estaba en los playoff de la UEFA Champions League de Helloween, Gamma Ray y Rage.

En Argentina Angra hacían las veces de local. Así lo pudimos ver en el concierto en Dr. Jeckill -de esos que todo el mundo se jacta de haber ido- o cuando André plantó la madera del Power Metal clásico abriendo para Helloween y Slayer en el Monster of Rock de finales de los ‘90s. Ah, y lo hizo con una camisa con volados

Sin embargo, quizá el mayor mérito de Angra, viéndolo en perspectiva, no estaba en sus muy buenas presentaciones en vivo, sino en el salto de calidad entre su disco debut y el siguiente álbum de estudio. Los brasileños ya habían hecho más de lo que se esperaba de ellos con “Angel´s Cry”, y en la historia del Rock abundan ejemplos de bandas que no superan su primer álbum. Sin embargo, Angra le encontró la vuelta y editó “Holy Land”, probablemente el disco que mejor envejeció. A veinte años del estallido del Power Metal podemos decir que es uno de los más memorables de sus generación.

Hay una ley no escrita que dice: «En toda escena que crece rápidamente las ideas se agotan rápidamente». En ese contexto y visto a la distancia, el mérito de ‘Holy Land’ es mayor.

Hay una ley no escrita que dice: En toda escena que crece rápidamente las ideas se agotan rápidamente. El Power se llenó de bandas similares que replicaban la fórmula de épica y pompa que funcionaba en esa época. Fue tan así que los miembros de las principales agrupaciones llegaron a repetirse con bandas paralelas… ¡de ellos mismos! En este contexto y visto a la distancia, el mérito de “Holy Land” es mayor. La combinación con otros sonidos (amagada en “Never Understand” del primer disco) no son forzadas, sino creativas y terminaron por definir a Angra como una banda con identidad propia.

«Holy Land» suena como ningún otro del género, está lleno de detalles, complejidades y sutilezas, pero también es apto para todo público. El mérito obviamente no es solo de Matos y la gran carrera de los otros músicos refuerza el concepto, pero si quizá la voz de André era el factor que permitía prestarle el álbum a tu pareja y lograba que se acercara al Metal. O que tu vieja no te pidiera que bajes el volumen de la música.

Luego fue el turno de “Fireworks”, que estaba más cerca de “Angel´s Cry” que de “Holy Land” con la excepción de “Gentle´s Change” y alguna que otra canción. Pero las cosas se complicaron en Angra, y si bien «Fireworks» cumplía con creces, la química en la banda no era la misma. Tal fue así, que más tarde nos enteramos de que casi ni se cruzaron en la grabación del álbum. Los guitarristas se quedaron con el nombre y reinventaron la banda sumando a Edu Falaschi. Matos, junto los hermanos Mariutti, armó Shaman.

Shaman vino a la Argentina antes de que saliera su disco debut, con apenas un adelanto de cuatro temas de la placa, participó en una de las “Cumbres del Metal” que por entonces se hacían en Showcenter de Haedo. Del show me acuerdo de que tocaron la imposible “Carolina IV”, en la época en que las bandas del género evitaban los tours o abusaban de los samplers para llevar a la realidad las producciones de estudio.

En la conferencia de prensa previa al recital creo que terminé de fanatizarme con André. Hasta ese momento, el nombre de Matos era sinónimo de un tipo que había encabezado la mejor banda del género de Sudamérica, que había girado por los mejores recintos de Europa y que incluso podría haber sido reemplazo de Dickinson. Pero la cosa no terminaba ahí. Ahora empezaba de nuevo en el ascenso, y se juntaba a hablar sin ningún problema con medios grades y chicos que se acercaron. “No nos reconocen que somos de Brasil porque no hicimos fotos comiendo bananas en la selva” , bromeaba cuando le preguntaron porque Sepultura se asociaba más al país.

Carismático y divertido, el cantante no perdió tiempo y recuperó parte de su status con Shaman, demostrando que la letra de “Carry On” no era chamuyo de coaching y autoayuda, y aunque en perspectiva pareciera que la disolución de Angra fue cuando André le puso techo a su carrera, fue en esos días que Matos consolidó su figura y su aporte al Heavy Metal.

«No nos reconocen que somos de Brasil porque no hicimos fotos comiendo bananas en la selva».

André Matos

En el medio, Matos grabó un disco de Pop Rock en la vena de Queen, menos heavy, con el productor Sacha Paeth como socio. El proyecto se llamó Virgo y tuvo una recepción tibia entre los metaleros, y casi nula en la escena mainstream que siempre parece hacerle pagar su background pesado a los protagonistas, por más que saquen obras a la altura y gusto de los oyentes.

El disco de Virgo permite escuchar la voz de Matos en otros contextos (algo que vimos en los bonus tracks de “Freedom Call”), interactuando con coros gospel y con algunas bases más electrónicas. No se consigue en Spotify (ni se editó en Argentina) pero esta en Youtube.

Ni Angra ni Shaman alcanzaron el nivel de popularidad de la conjunción de “Angel´s Cry” / “Holy Land” pero siguieron adelante con carreras sólidas. Matos tuvo tiempo de reunir a Viper y realizar algunos shows memorables, participar en Rock in Rio, ser un puntal en Avantasia e incluso editar un disco algo genérico junto a un Timo Tolkki, lejos de sus días más inspirados. Además, André lanzó un par de discos solistas y reunió a Shaman en 2018.

El festejo por los 20 años de “Angel´s Cry” trajo de nuevo a Angra a Buenos Aires pero con Fabio Lione al frente, demostrando que solamente un vocalista clase A podía estar a la altura de lo que se había grabado en el disco. André Matos se despidió joven, cuando seguramente le quedaban cartas por jugar. Por la sorpresa de su partida, por su carisma y porqué no sobran los tipos que combinan emoción y talento real, se lo extrañará.

Sí, lo vamos a extrañar un montón.

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