CHRIS CORNELL 1964-2017

El adiós el vocalista de Soundgarden

CHRIS CORNELL 1964-2017

Por Nico Cabrera

Hice mi primera nota para Jedbangers hace 10 años. Entrevisté a Glenn Hughes y le hice la pregunta fácil y tonta: “¿Qué cantantes actuales te gustan?” El único nombre que dio Hughes fue Chris Cornell. Habían pasado 15 años desde la explosión de Soundgarden, y sin embargo Glenn no dudaba: “Ya no aparecen tipos como Plant, Dio o Cornell”. ¿Hay mayor halago posible?

Chris hacía enojar bastante a los “fans”. Podía editar material muy Heavy o muy Pop, le pintaba grabar sobre bases electrónicas o puramente acústicas. Pero no era ese caso de “Voy a joder a mi público”, a Cornell simplemente no le importaba lo que nadie más piense y no creía en rótulos. Hubiese sido de cobarde limitar un talento tan versátil, que le permitía moverse naturalmente por cualquier tipo de música, solo por cuidado del qué dirán.

Con los míticos Temple of the Dog, Chris Cornell ayudó al nacimiento de una movida imperfecta pero necesaria: el Grunge tuvo que poner freno a la frivolidad del Glam ochentoso. Dentro de ese mismo marco, junto a Soundgarden Cornell editó discos imprescindibles para el Rock, a secas, pero muchos tuvimos que madurar bastante hasta entender los que algunos iluminados ya decían: “Che, ¿Qué Grunge? Esto es Sabbath y Zeppelin”. Sucede que Soundgarden tenía personalidad, no sonaba a copia de ninguna influencia, y eso fue en parte gracias a Chris. En su posterior carrera solista, Cornell empezó con eso de la experimentación genérica, síntoma de una mente inquieta y un talento sin etiquetas. Los resultados pueden haber gustado más o menos, pero es indudable la honestidad desde donde vino su obra.

A comienzos del nuevo milenio, cuando el Hard Rock difícilmente pegaba hits masivos, Cornell ayudó a enfocar las artes de otro gran músico, Tom Morello, para apuntar más a la canción que al mensaje. Así fue que con Audioslave rompió moldes… otra vez. Sin embargo, en estos (¡cómo duele decirlo!) últimos años de su vida, Chris encontró un vehículo perfecto en el minimalismo de su voz y una guitarra acústica. El genial resultado de esa combinación no es fortuito. Sin distorsión ni batería, sin gritos ni pogo, la voz gigante y profunda de Cornell conecta con cada fibra de los cuerpos, y ya sea transformando sus propias composiciones o llevando las ajenas a niveles antes inalcanzables, hizo viajar a cada persona que tuvo la suerte de ver su show.

Es difícil saber si Chris Cornell volvería a grabar algún disco notable, pero en realidad eso tampoco importa. A los mediocres les exigimos que compongan buenos discos cada vez, pero en casos como el suyo, o los de Plant, Dio, Hughes…mierda, Elvis, el regalo de su voz en cualquier canción ya es más que suficiente. Es ese famoso “puede recitar la guía telefónica que igual va a ser un éxito” que decían de Jim Morrison.

En estos días se leerá mucho por ahí sobre la privilegiada voz de Chris. Eso es inexacto. Chris Cornell era un canal, un vehículo conectado a lugares que no conocemos, y los privilegiados somos todos los que pudimos escucharlo.

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